Hoy teníamos preparado un post
sobre manualidades pero hace tiempo que que no paramos de darle vueltas en la
familia al tema del acoso escolar y de los niños que por norma insultan,
humillan o agreden a otros. Hace unas semanas nos despertamos con la noticia
del suicidio de un niño de 11 años debido a que sufría acoso escolar y a uno no
puede más que encogérsele el corazón y pensar que no puede haber nada peor en
este mundo que un niño decida quitarse la vida.
Me pongo en el lugar de esos
padres y el dolor debe ser tan grande que no puedo ni siquiera imaginármelo. Y
el dolor seguramente da paso a la indignación y a las preguntas y a los porqués.
La infancia debería de ser un
espacio para la felicidad y los adultos deberíamos procurar un mundo en que
esto fuera posible pero no lo hacemos…ante las agresiones solemos decir cosas
como: no pasa nada, no llores por tonterías, tú no hagas ni caso, son cosas de
niños…y frases similares con las que sólo conseguimos no validar las emociones
de nuestros hijos o alumnos , no escucharles y hacerles que “se traguen” sus
sentimientos e intenten seguir adelante cómo puedan y luego pasa lo que pasa…
Me canso de decir en mi trabajo
que la violencia no es aceptable nunca y me refiero tanto a la física como a la
verbal y a las niñas se lo repetimos constantemente, odio profundamente esa tan
traido frase de : a mi de pequeño me insultaban en el patio y nunca pasó
nada…pero la realidad es que si pasa, aunque algunos lo hayamos olvidado y
superada si que pasa algo , los insultos duelen y
quedan grabados a fuego, y el que diga lo contrario miente o ha hecho un
ejercicio de olvido enorme que es lo que a veces hacemos como parte de nuestra
supervivencia.
Es cierto que hay personas más
fuertes y más débiles, más sensibles o menos sensibles , que olvidan antes o
tardan más pero a todos nos ha dolido de pequeños un insulto y estoy seguro que
a la mayoría que le preguntáramos recordaría una situación si no de acoso al
menos de humillación en su infancia.
Cuando tenía unos diez años sufrí
un episodio de acoso en un centro deportivo muy conocido de Gijón del que se
suponía y se supone es socio la “creme de la creme” de la ciudad. Yo era una
niña gordita y no “era guay” y un grupo de niñas se dedicó durante mucho tiempo
a insultarme y a acosarme cada vez que entraba en el recinto. Gracias a dios
mis padres me apoyaron y me defendieron y hablaron con la dirección del centro,
la cabecilla del grupo tuve que disculparse pero yo dejé de ser socia y nunca
volví a pisar ese sitio. Huí y en realidad las acosadoras ganaron y eso es algo
que siempre me quedó como “una espina clavado” No olvidaré su cara en la vida,
es más por circunstancias me encuentro muchas veces con ella y cada vez que lo
hago vuelve a mi esa sensación de sentirme “gorda” y “poco guay”y el infierno
que pasé.
Así que entiendo perfectamente a
esos niños que día tras día van al colegio a aguantar que unos desgraciados,
seguramente víctimas también de una educación equivocada,-estoy convencida que
el acosador nace pero también se hace-.los insulten y les hagan sentir menos.
Veo por mi hija mayor lo duro que es la adolescencia, los conflictos que hay en
su cabeza y lo mucho que mandan las apariencias, sentirse miembro del grupo es
fundamental y cuando no se sienten y encima los menosprecian entran en crisis
total.
Los profesores tenemos una enorme
responsabilidad, siempre digo que estamos a años de luz de saber tratar a
nuestros niños y eso no puede ser…estamos obligados a formarnos y a entender
que de nada sirve que les enseñemos a leer o a sumar si no trabajamos con ellos
las emociones, los escuchamos y tratamos de comprenderlos. Pensemos en nosotros
como adultos, hay cientos de estudios que demuestran que un clima de trabajo
agradable aumenta la productividad ¿por qué iba a ser distinto en el alumnado?.
En el caso de la paternidad y
maternidad es lo mismo, tenemos que hablar con nuestros hijos, escucharles y
contarles también nosotros nuestros problemas, el famoso “quid pro quo” de El
silencio de los corderos es lo que mejor funciona con los hijos, yo te cuento
algo mío, tú me cuentas algo tuyo, no tengamos miedo a contarles que hoy
estamos tristes, que hemos tenido un día duro en el trabajo o que alguien nos
ha hecho algo que nos ha disgustado y de la misma manera démosles herramientas
para superar estos problemas, que se sientan protegidos y que vean que sus
sentimientos nos importan.
Y todo esto hagámoslo de la mano
del profesorado, ningún problema de acoso se soluciona si familia y escuela no
van de la mano, si no se trabaja con ambas familias (acosador y acosado).
Estamos de acuerdo en que la vida
es muy dura pero yo no mando a mis hijas a la escuela a entrenar, al parque... a sufrir ni a que piensen
que el violento es el que gana.



